Y un día, se fue de las canchas

 

chino

Yo empezaba a ver futbol, y no me refiero desde el 87 que me paraba frente a una tv y empecé a visitar algún estadio, sino a entenderlo (si es que lo entiendo) allá por el 1995. Y un año después apareció este pibe, apenas un poco más grande que yo que me empezó a demostrar que había otro tipo futbol.

 

A partir de ahí, yo no recuerdo más visitas mías a la cancha hacia atrás. Me acuerdo de todos los partidos que fui desde que él juega y no los anteriores, y no porque yo tenga una gran memoria, sino porque este tipo hizo especial cada ida mía a ver a Nacional desde que llegó. Algo nuevo hacía siempre. Algo destellante tenía para volcar en la cancha. Imposible olvidar tanta maravilla lograda en un campo de juego.

Capaz otros ya lo habían hecho, capaz otros lo estaban haciendo en otros lados; pero fue lo primero que vi yo y lo único que veía en ese momento que la internet no nos daba la posibilidad de ver los otros posibles clases A que habrían por ahí.

 

Y ahora que nombro la Clase A, quiero decir que es el primer tipo con esa categoría de clase que pude ver en vivo. Y hoy, muchos años después, no vi muchos más.

Esto, sumado al hecho que el mundo poco después le brindó la admiración en la cual yo ya estaba envuelto, me confirmó que aquello que yo había visto cada vez que fui al estadio, era único, era rutilante.

 

El alto nivel, la competencia y entornos que son de total desconocimiento para mi, hicieron de aquel jugador lo que todos ya sabemos que es. A mí me daba algo de bronca que no se lo entendiera a veces cuando aparecía por acá con una camiseta de color cielo; y mucha más bronca me daba cuando ni yo podía entender lo que le sucedía. Bronca que se tapaba en un segundo, cuando lo veía hacer esas mismas cosas que me asombraron unos años atrás cuando él estaba con una camiseta con tres colores.

 

Después volvió, distinto, pero no en lo esencial para nosotros los que amamos el futbol. Lo diferente era su postura, era más grande, estaba más arriba, no le importaba lo que no era importante, solo se brindó a lo que más le gustaba hacer.

Siguieron muchos sin entenderlo, yo solo agradecía y les explicaba a otros con singular emoción como ese tipo me había volado la mente con una pelota en los pies.

 

Nuevamente los entornos, o negocios o algún motivo que también desconozco, lo puso devuelta en cada partido que yo iba a ver de mi equipo. A esa altura yo ya era parcial, no me podía despojar de lo que sentía por él, por lo que no podría nunca juzgarlo de manera justa. Y él no me la hizo difícil de explicársela a los demás, porque cada decisión que tomaba con referencia a la pelota era tan correcta como la misma perfección con la que la llevaba a cabo.

 

No he andado por el mundo mirando futbol de todos lados, no tengo muchos niveles para compararte, pero me llenaste de admiración, me demostraste diferentes maneras de jugar a la pelota, y gracias a vos puedo decir que vi en vivo hacer cosas maravillosas en canchas de futbol.

 

Por eso te quería saludar, y hacerte saber que en mi has puesto muchas semillas de futbol que cuando las comparto con otro, se me llena la piel de emoción, no solo porque vivo el futbol de una manera muy linda sino porque vos chino, sos único.

 

Gracias!

 

Carlos A. Silva

 

 

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