Para agarrarse la cabeza


Era obvio: como hace 18 años cuando el rival tradicional pierde puntos, Nacional no aprovecha. En un torneo donde supuestamente los grandes deberían definir, es vital mirar de reojo (o con los dos ojos bien de frente) al otro. Y es que tanto nos venimos mirando que los demás nos están pasando por arriba. Y hasta ya da gusto.


Es que ya ni se pueden hacer humoradas respecto a la camiseta de Nacional como pasó en Jardines y que hoy en Belvedere tuvo un capítulo diferente cuando hubo que cambiarla en el entretiempo, no da para reparar en eso cuando hay una expresión tan triste de este deporte llamado fútbol uruguayo. 
El partido empezó con gol temprano a los 7 depsues de un pelotazo a espaldas de la defensa, un nuevo error que costó un gol. Depsues el partido fue un desastre. Liverpool nada, Nacional nada. Inmirable. Me tuve que ir a pasear al perro para tomar aire fresco porque ya me estaba mareando de tanto error.


Segundo tiempo empezó igual pero invertido, gol de entrada. 1-1. Ahí, recién ahí se vió un Nacional más “como la gente”. Ya estaba Ligüera y aunque parezca raro, Fucile subía bien. Y se armaron cosas lindas pero ojo, lejos de reventar los palos ni nada de eso.

Acompañaban un Lozano activo pero sin desequilibrar, y un Silvera (que entró por Fernández) también muy movedizo y con ganas pero errático y además Kevin que se había alejado del área y pudo armar algo de peligro que dentro de la misma.
Atrás… Atras poco. Arismendi muy básico, solo reventando, y un extraño Porras que juega un pelin más atrasado y está cometiendo muchos errores o sino desprolijiades. 

Y una desprolijidad fue el segundo gol del local. Es verdad que además de la poca acción de la defensa hay movimientos muy buenos del 10 de ellos (quien convierte después) y de Bueno. Pero después que el técnico Saralegui había querido cerrar el empate con los cambios defensivos, no se puede recibir ese gol tan de la nada. 
Después de eso, 15 minutos de nerviosismo y desesperacion. Esa típica que les entra a los cuadros grandes últimamente cuando ven que no podrán sacar el resultado que deben. 


Con esa imagen de desesperacion se fue el partido. Otra salida, otra derrota. Otra oportunidad, otra vez desperdiciada.
Carlos A. Silva

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