Cierto que sufríamos.


Me había olvidado de gritar “Uruguay nomá” cuando el árbitro señalaba el punto del medio 90 minutos después se arrancado el partido. 
Ese grito que saca afuera el susto que traes en el pecho durante hora y media y que te permite respirar en paz.
Ese desahogo que te llega después de ver cómo los centrales corren desesperados atrás de otros con camiseta que no son celestes después de que los del medio y los laterales no marcaron correctamente y que cuando lo largas al exterior recién ahí te da hambre.

Ese puño cerrado que termina de liberar la tensión que sentiste durante tanto tiempo gracias a que tipos de otras nacionalidades parecen multiplicarse y desbordan por todos lados y que cuando al final uno de los nuestros encuentra la pelota y le pega un puntazo pero el 9 de turno no llega a agarrarla en ese campo vacío que es la mitad de la cancha de ellos.

Me habia olvidado de que eso sentía en cada partido de Uruguay ya que cuando ganamos últimamente, desde el minuto 60 al 90 estamos conversado a las risas y el partido de fondo porque la ventaja de un par de goles nos lo permite.
Ayer no fue así. Lo de ayer fue lastimoso futbolisticamente hablando (como lo es siempre pero sin eso que tenemos que terminamos sacando los resultados) y eso llevó a que volviéramos a gritar al terminar el partido.
¡Que sufrimiento! Ese gesto que tiene Godín en la portada de esta columna es el que hicimos todos después de mucho tiempo. (Claro que nosotros lo hicimos por el partido en si, él lo hizo porque zafó que se le empezara  a decir que se dedique a jugar y no a mandar comunicados si perdíamos ayer) 
La cosa fue así: Uruguay, nada. Ligamos con el gol de Coates de córner (¡que raro gol de córner!) y a partir de ahí, pasamos de jugar nada, a hacerlo mal.


Diga que Aguinaga ya no juega, y hay un montón de tipos que no conoce nadie en Ecuador, pero estuvimos incómodos todo el tiempo. 

Allá por uno de esas corridas que tuvieron ellos que no pudimos parar, cerca del final del primer tiempo, tiro cruzado, gol y preocupación.

Y justo cuando estábamos empezando a pensar que “que macana, faltando tan poco para que termine, y ahora ¿que hacemos?” mientras todos en los sillones de sus casas y en las butacas (que dejaron puestas la gente de Peñarol) del estadio empezábamos a decir “saca a este pone al otro” vino el gol de Rolan. 


¡Sí señor! Gol de Rolan. Así como lo lee. Dicen que el del tablero electrónico no sabía escribirlo, nunca había tenido que hacerlo. Gol de Rolan, y además importante. ¿Imaginan lo que habría sido si íbamos al segundo tempo empatando? No quiero ni pensarlo.

2-1 y fin del primer tiempo. Todos contentos menos Alegría (si, había varios que actuaron en la película “intensamente” en Ecuador) que tuvo que ir a buscar la pelota a la red.

El Segundo tiempo fue como ver una madre pegándole a un hijo en el shopping porque éste llora pidiendo un juguete: horrible.


Hicimos agua por todos lados, Luis no la agarraba, el cacha se dejó el pelo y además se hizo un corte raro, el mono sin lunar y Godín sin joroba. Todo raro, un asco.
El partido no dio para estar sobrado e ir mirando el de Brasil Argentina. Asique todo mal ayer. Excepto claro, una cosa: el resultado.

3 puntos, segundos solos, lejos. Comodisimos. 


Les dejo por acá las imágenes con el relato de unos ecuatorianos que no saben nada. Más triste que Romano y Scelza, presten atención que no saben ningún nombre nuestro.

Carlos A. Silva

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