Una lagrima 

Varios títulos se me vienen a la mente: “a lo Peñarol” fue uno, pero iba a levantar polvareda. “Vergüenza” era otro, pero eso es demasiado más allá que es lo que uno siente a golpe de tarro. “Sin ideas” era otro posible, pero se notó que una idea hubo: hacerse los malos pegando. Asi fué que opté por ir por el que fué. Porque eso resume varias cosas:

Primero, obviamente, la tristeza de no seguir en la copa, lo único interesante por lo cual Nacional puede jugar. Más allá de que no es que se pensaba en salir campeón, pero como que uno siempre sueña con eso cuando se está con vida.

Segundo porque eso fué lo que fué el equipo hoy en la cancha, una lagrima. Más alla de el golpazo que fue ir 0-2 a los 5 minutos, Nacional no estuvo a la altura. Un poco lo que pasó en el partido de ida: una fatalidad del juego no puede desviarte de tu plan, y aunque no dió tiempo a ver cuál era el plan de Nacional, el cuadro en general se desconectó.

El partido iba raro, lo que daba la esperanza de que si entraba alguna de rebote todo podía pasar, incluso la remontada. Botafogo impreciso, Nacional también. Las pelotas iban rápidas, lejos de todos los jugadores, éstos caían, trancaban, nada era limpio y eso mezclado que en realidad los brasileños no es que sean un buen equipo daba a pensar en cualquier cosa. Botafogo se encontró el escenario ideal: retrasarse y esperar. Era ideal por el resultado de momento y además porque el bolso estaba siendo lo menos peligroso posible y lo más anunciado posible. Arismendi quedaba en posición de meter esos pases peligrosos y obvio que de ahí no sale nada bueno. Rodríguez era el único que intentaba pero le quedó grande la situación. 

El segundo tiempo fue peor. Entro Kevin que está muy Cavallinizado, y Aguirre que no es que estaba jugando bien, perdió más su chapita, esa que no está bien atornillada y lo hace desperdiciar su gran habilidad y le metió flor de patadón al final, bien de desesperado y frustrado. 

Pero volviendo a los motivos del título, vamos al tercer por qué: una lagrima se cae cuando se ve la estupidez de Polenta y Aguirre y varios otros que se hacen los malos y que creen que empujar y poner cara de Lugano y levantar en la pata a uno a lo Montero es lo que se necesita, cuando en realidad los deja en ridículo.
 Pésimo no saber perder. Pésimo no darse cuenta donde están. Pésimo que no sepan qué es lo que hicieron y hacen mal.

Una lagrima, que durará hasta febrero cuando empiece la Libertadores 2018 y puedamos a mitad de año, al quedar eliminados en alguna fase,  buscar culpas en el calendario, los jueces o la mala suerte; esperando la lagrima se seque cuando todos estén alineados en querer ganar la copa y no solo en participar en ella.

Carlos A. Silva

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